Repletas las guarderías para mascotas

Repletas las guarderías para mascotas

Por Ana Camila López

Les comparto este artículo que encontré:

Susana Lucci no tenía ni cuarenta años cuando quedó viuda. Para llenar los vacíos –los de la casa y los otros– salía a caminar y levantaba a los perros que se estaban muriendo. Los vecinos, que cada día la veían llegar con otro perro envuelto a upa –las costillas evidentes, las heridas con gusanos, un tapado de sarna– vieron cómo los iba recuperando. Y le terminaron preguntando si quería cuidar a otros. El recuerdo tiene 10 años y es el embrión de Rincón Mascotero, una guardería para mascotas de San Cristóbal en la que ya no cabe un solo bicho.

Por su casa han pasado perros, peces, hámsters, coballos, conejos y pájaros ajenos. Pero es temporada alta y en este hotel de mascotas no quedan habitaciones. Como en una colonia municipal, hay quienes ya reservaron sus vacantes para este verano. Es porque los devuelve gorditos, sin pulgas, porque cuando hace frío duermen calefaccionados, porque los trata como si fueran chicos y por las cuatro palabras que lo demuestran: “Les armé una Pelopincho”, sonríe. Y amasa a un conejo.

Así, lo de encontrar un lugar decente para dejar a los animales pasó a formar parte del presupuesto de las vacaciones. Cuesta unos 70 pesos diarios, es decir, más de 1.000 pesos la quincena: lo que valen 4 noches en un dos estrellas de Mar del Plata.

En el derrumbe de 2001, Jorge Rofenvaig trabajaba en una inmobiliaria. Pero lo atrapó el corralito, se quedó sin trabajo y el infarto que siguió lo obligó a quedarse en su casa. “Canalicé todo en las mascotas”, dice. Hoy en “Su guardería mascotas”, que funciona en su casa de Villa Crespo, es el niñero de 12 perros y acaba de abrir una lista de espera para la segunda quincena de este mes. “Acá no hay jaulas ni caniles. Nosotros le hacemos una fichita con sus datos personales, el contacto del veterinario de cabecera y del lugar donde van a veranear sus dueños. Además, tenemos una enfermería veterinaria. Es que hay que adecuarse a sus necesidades: hay perros hipertensos que necesitan alimentos de bajo contenido de sodio, otros con problemas renales, otros insulinodependientes. Pero nuestra filosofía es que sientan que van a pasar el verano a la casa de los tíos: si en su casa están solos porque la familia trabaja, acá tienen siempre a alguien con quien jugar”.

Los predios más amplios, en las afueras de la ciudad, tampoco dan abasto. En Kapamadog, un espacio de 10.000 m2 en Pilar, tienen un cupo de 40 perros. Y hasta febrero, no hay más espacio. “Acá les damos hospedaje en libertad para que liberen sus instintos y socialicen entre pares. Y siempre están supervisados por un profesional”, explica Ezequiel Gallina, instructor canino, certificado por la UBA.

Lo que dice es que la demanda no aparece sólo en vacaciones: “Hay parejas que se separan y, como el perro queda colgado, lo traen hasta que se acomodan. Hay gente solidaria y de buen pasar que encuentra perros en la calle y, como no puede llevárselos, pagan para que estén cuidados. Otros se van unos años por trabajo a otro país y ¿quién se los va a cuidar por tanto tiempo?”, explica. Y aunque siempre hay descuentos por combos (más de una mascota o una estadía más larga que unas vacaciones standard), en este caso al presupuesto hay que agregarle los 180 pesos del retiro y del regreso.

Por supuesto, como ocurre con los niños, hay quienes sienten que en ningún lado están mejor que en sus casas. Para eso están los llamados “pensionados”, que cuestan la mitad. “Se fue pasando de boca en boca. Nos dejan las llaves y vamos a jugar con los animales, a alimentarlos e higienizarlos. A veces hasta les regamos las plantas”, cuenta Carolina Taborda, de “La veterinaria en tu casa”. “Muchos lo prefieren, especialmente con los gatos, porque se estresan si salen de su ambiente. Y porque es más individualizado: todos los días cerramos la puerta y le mandamos un mensaje a la familia contándoles como están sus mascotas”.

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