Yo tengo un amigo que se llama Ventura Rivera

 Yo tengo un amigo que se llama Ventura Rivera
Hay momentos, historias, vivencias (de lo peor o de lo mejor) y a veces, muy pocas veces, tenemos el honor de pasar esos momentos, con una persona, que por lo mismo, le puedes decir amigo.

Muchos años, digamos, casi en la antesala del sueño eterno (pero al final de la fila); me siento feliz, vivo, agradecido de tener un amigo con esas vivencias y esas cualidades; cómo no recordar esos años de riesgos en nuestros estudios magisteriales ¡Y vaya que fueron riesgos!

El viaje fue larguísimo, días de estudio, parradas, cantadas, noviadas, pleitos juveniles y nada de pleitos en ambos y no porque no me dieran ganas sino porque eras y eres tan indiferente al conflicto entre amigos; en medio de toda ese fango, no falto alguien por ahí que nos “inyectara el virus rojo” y fuimos a parar en medio de una campaña electoral, que mas que campaña electoral era una campaña de denuncia y organización que encabezada la aun joven Rosario Ibarra de Piedra.

Ahí ya no solo éramos amigos; ya éramos camaradas ¿recuerdas? Estamos hablando de 1982.

Años después se cayó el cielo, una generación de camaradas se fueron, no a un lugar, a muchos lugares; exploto me dijo Simón; y ya nunca más fue lo mismo…

La desolación, ese Muro de los berlinés, cayo y no solo tumbo tabiques sino muchos corazones; y vagamos y divagamos; una vez nos encontramos, diez años después, en Los Ángeles, California y nuestra amistad seguía igual, solo parecía que se le había aplastado al pausa y cuando la activamos estaba tan entrañable como al inicio y ahí; le debo una disculpa; usted sabe porque…

Una vez y otros diez años después, te busco y me encuentro con una noticia triste, muy triste, me dolió hasta el tuétano; se perfectamente que esa estúpida jugada, burlona y cruel no era para ustedes, no se lo merecían; no me queda ninguna duda.

Y ahí algunos, en medio de la tragedia, conociéndolos, pretendieron acciones “justicieras” que solo habrían mas la herida; la ceguera del morbo disfrazada de justicia desplazo la solidaridad tan necesaria en esos momentos; no hubo explicaciones, compresiones, solo “justicia” cuando en realidad las lamentables victimas y los victimarios, salpicaron y generaron nuevas víctimas; eso lo sabes tú y lo sé yo.

En esa tragedia, tú, tú madre, tú padre, tus familiares, todos debieron necesitar el cobijo, me duele, me conmueve tan solo pensar en el infinito sufrimiento de los tuyos; y yo nunca supe pero si lo hubiera sabido, nunca iba dudar que los tuyos, en ti tendría ese roble donde sostenerse; no me defraudaste; ya nuestra amistad no está intacta, se incremento, se consolido, se confirmo; ya cerca de la meta, es muy gratificante saber que tengo un amigo, invencible, invicto; no es cualquier cosa.

Adiós pitillos, adiós liquido ambarino, bienvenidos niños y niñas, nietos y nietas, luchas, sueños y amores;  ¡te la robo Amado! ¡Vida nada me debes! ¡Vida estamos en paz!

Yo tengo un amigo que se llama Ventura Rivera Moroyoqui

César Del Pardo Escalante

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